Y el dolor abrió grietas en mis senos
y brotaron hilos de sangre surcando mi piel,
fluyendo, como la lava que acaricia el volcán.
Palpé la sangre con los dedos
e intenté encontrar en ella tu aroma,
como para contener mi inquietud,
mis ansias,mis delirios.
Y me alejé de tu vaso
que pudiese derramar vino en mis heridas,
que me recatase, perdida
como una mota de polvo en ele impalpable oxígeno,
sin tiempo ya, sin rumbo, en mi soledad repleta.
Inyectada en un hueco
del intangible horizonte,
viendo, como se ahoga la luna en el arroyo
y como lloran las estrellas
asfixiadas en la niebla.
“Por María Valverde”.
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